La experiencia del cuidado revela nuevas formas de vivir la fraternidad, la misión y la esperanza en comunidad.

Tal como os anunciamos en el artículo anterior, os presentamos el segundo testimonio de hermanas que sirven a sus hermanas dejándose la piel en el intento.

En esta ocasión os presentamos el testimonio de Ana Cifrián, Teresiana de Ossó.

Mi experiencia formando parte de una Comunidad-Enfermería

Hace unos años ya que, mientras nos hacíamos cargo de las realidades en las que vemos hoy la vida amenazada, las Teresianas de Ossó veníamos ahondando en nuestra Identidad comunitaria.

La realidad demográfica nos iba urgiendo a atender a las hermanas mayores y/o enfermas en comunidades que ofrecieran los medios necesarios para su cuidado. Así es como la sabiduría de saber envejecer, la capacidad de resituar la misión en esta etapa, la configuración de comunidades que garanticen un clima de cercanía, acompañamiento y cuidado mutuo, se han convertido en retos que también nos han llevado al trabajo en red con instituciones que nos ayuden a atender adecuadamente las nuevas necesidades que se nos van presentando.

Comparto mi experiencia personal a partir de unos cuantos interrogantes muy agudos, pero claves para que el aporte pueda ser de ayuda. Formo parte de un pequeño equipo que comparte “esta misión hacia dentro”:

¿Cómo abrazamos la misión de cuidar la fragilidad comunitaria cuidando la nuestra?

¿Qué nos sostiene mientras acompañamos el tránsito de nuestras hermanas en la recta final?

Primero, somos 35 hermanas, pero muy pocas las que podemos apoyar la tarea de las responsables de gestionar el cuidado y seguimiento de las dependientes, que son mayoría. Nos sostiene el trabajo en equipo y el sentido común. Creemos tener claro que necesitamos aprender a aceptar nuestra realidad comunitaria tal como es, activando el buen juicio de no esperar de ella lo que no puede dar. Cuidamos mucho nuestra relación con el personal que trabaja en casa, poniéndonos en su lugar y facilitando su tarea.

Segundo, creemos que cuidar es el ADN del creyente cristiano. Dios nos ofrece el modelo de Cuidador en Jesús. El samaritano del evangelio es un referente universal: se hace cargo más allá de la sangre, de la religión y de la nacionalidad. El arte narrativo de Lucas es magistral deteniéndose “a cámara lenta” en los detalles que consolidan su cuidado. El papa Francisco en la Fratelli Tutti, dedicó todo el capítulo segundo de su encíclica, a subrayar el culto fraterno del personaje que se hizo responsable del malherido.

Tercero, sobre todo, lo que está dando sentido a nuestro AQUÍ_AHORA en esta enfermería, y lo que nos ayuda a levantarnos con ganas cada mañana, más allá de lo mucho que a ratos cuesta acoger gratuitamente la fragilidad propia y ajena, es sin duda, la presencia amiga de Jesús Resucitado haciéndonos capaces de acompañar con ternura el deterioro, en muchos casos ya inconsciente, de nuestras hermanas. Es lo de “el ciento por uno”.

Un comentario

  1. Creo y soy testigo privilegiado del CUIDADO con que se vive en esa comunidad la atención y el servicio, el.respeto a la dignidad de cada hermana y el cariño con que son tratados. Dios vive en medio de ellas.
    GRACIAS DE CORAZÓN, HERMANAS

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