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Es un hecho la dificultad presente en muchos religiosos para dejar acompañarse por otros. El dar pasos en esta línea  supone superar dificultades y una profunda humildad.

Por José Ramón López
Director de Operaciones de la Fundación Summa Humanitate

El tema del acompañamiento sigue siendo una asignatura pendiente en el día a día de muchas personas que desean seguir a Jesús y vivir con seriedad su vida. Y esto, que es dificultad en cualquier vocación cristiana, es desconcertante en quienes os habéis sentido llamados a vivir esta en la Vida Consagrada.

Es un hecho la dificultad presente en muchos religiosos para dejar acompañarse por otros. Es una dificultad mayor cuando se trata de acompañar la vida entera en la vulnerabilidad de una enfermedad o limitación física o psíquica. No sé si se trata de un problema de autosuficiencia, de pudor, de trabas para narrarse en verdad ante otro y presentarse vulnerable, de dificultad para encontrar a personas capaces de llevar adelante este servicio, de entender que resulta suficiente con aquello que “Dios me inspira”… pero el dato es que bastante menos gente de la deseable está haciendo de su existencia un camino acompañado.

El dar pasos en esta línea de acompañamiento supone también un buen acto de humildad profunda. Es más, cuando alguien toma la iniciativa, en base a la necesidad que detectan, siempre hay un grupo amplio de discusión poniendo en tela de juicio esa necesidad de acompañar la fragilidad y la vida al final del trayecto.

Dejarnos acompañar

Por un lado, es necesario acompañar a las personas que acompañan, descargarlas, ir de su mano, quitarles presión. Quitar también responsabilidad. Por otro lado, es necesario acompañar las vidas de religiosos/as, Consagrados en general, que en su tramo final necesitan de una atención profesionalizada, humanizadora, íntegra, que se cuide con una visión holística de la atención. Tengo que confesar que he detectado y visto en algunas religiosas, provinciales, generales de Órdenes Religiosas, una mirada de autosuficiencia para justificar que no necesitan de ninguna entidad que les ayude en esta atención.

También tengo que afirmar que cuando dan el paso de dejarse acompañar por otros lo hacen impulsadas por la situación que se les presenta y no tanto por una voluntad real de hacer camino juntos y aceptar que, a lo mejor otros lo hacen incluso mejor. ¡Qué hermoso es ver cómo cada vez son más los casos de laicos que hacen procesos y ayudan en el día a día de las vivencias comunitarias, de la gestión de estos espacios donde habitan, de la voluntad ineludible de que alguien de fuera me siga acompañando en esta parte final del trayecto de mi vida!

Compartir el pan

Y es que acompañar tiene que ver con compartir el pan. La raíz etimológica de compañero: com-panio, el prefijo “con” quiere decir “al mismo tiempo que”, y panio quiere decir pan. Así la palabra com-pañero nos refiere a que dos o más personas se encuentren juntas compartiendo el mismo pan, sin temor a ser juzgadas, a que se ponga en juicio nuestro ser religioso. Por tanto, compañero es aquel con el que compartes habitualmente el pan, y si compartes el pan, compartes la vida, la conversación, los desafíos, los proyectos, la Vida misma. Parece que tiene sentido utilizar la palabra acompañamiento cuando lo que hagamos tenga que ver con la idea de compartir el pan y la vida, algo que para nosotros tiene un significado precioso y lleno de simbolismo.

Pasos a seguir

Y para dejarnos acompañar qué podemos hacer. Primero debemos reconocer mi limitación y ser humildes: faltan fuerzas, ya no llego, necesito del otro y además, el otro, lo puede hacer tan bien o mejor que yo, aunque sea de una forma diferente. Esto es complejo, pero es el primer paso. Seamos benévolos con nosotros mismos, pasemos de la debilidad al abandono confiado.

Solo la persona que ha aprendido a saber dejarse acompañar, está capacitada para acompañar eficazmente a otros, pues experimenta en sus propias carnes que las deficiencias personales que todos tenemos, se resuelven, en buena medida, con la adecuada cercanía que nos prestan los demás.

Es básico también dejar que acompañen nuestra salud (dejarnos hacer); nuestras realidades cotidianas de gestión (lo que siempre hemos hecho…). A veces las dos cosas van unidas. Para ello es fundamental facilitar que los demás entren en mi mundo y lo hagan diferente a cómo yo lo hice. Respetarlo y quererlo así. Dejar acompañarnos implica también no minusvalorar al otro, ni ser autosuficiente. Todos podemos vivir un mismo momento y experimentarlo de modo distinto (estar en una misma sala y ver cosas diferentes).

Como Jesús

Cuando hablamos de acompañamiento podemos poner la mirada en Jesús. Maestro acompañando distintas realidades y espejo donde mirarnos a este nivel:

  • Jesús reconoce la dignidad de hijos e hijas de Dios a todas las personas con las que se encuentra, primer elemento indispensable para iniciar un acompañamiento.
  • Jesús opta en sus “acompañamientos” por las personas más excluidas de aquella sociedad: personas con lepra, gente que vivía en los sepulcros, mujeres que ejercían la prostitución.
  • Jesús acompaña sus momentos de crisis y dificultad: “Camino de Emaús”, permanece a su lado el tiempo necesario y luego desaparece.
  • Jesús entabla diálogos con las personas, les escucha atentamente y mantiene una relación de reciprocidad con ellas: “Samaritana”.
  • Jesús les otorga la responsabilidad en la acción de salvarse: “Ve a la piscina y lávate”.
  • Jesús no les juzga, les acepta incondicionalmente. “Ni él ni sus padres pecaron”.
  • Jesús cree firmemente en sus capacidades, en sus potencialidades para salir de la situación, y es auténtico con sus circunstancias: “Levántate, coge tu camilla y anda”
  • Jesús les invita a la participación y a la transformación social: “Anda y haz tu lo mismo”.
  • Jesús acompaña en las necesidades y en el sentido, va abriendo camino a un encuentro con el Padre, como aliento y estímulo para la vida: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.
  • Jesús no espera a que acudan a Él, es Él quien se adelanta, quien sale al encuentro de los que están en las orillas del camino: “Qué quieres que haga por ti”.

“Seguimos caminando juntos”