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Nuestra fe cristiana tiene que convocarnos al amor. Apostemos, como nos invita el Papa, por vivir una auténtica «revolución de la ternura».

«La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio haca el mundo puede carecer de misericordia.

La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor compasivo y misericordioso. La Iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia…».

Papa Francisco. Bula de convocación del Jubileo de la Misericordia

La ternura de Dios

Las entrañas de una madre que engendra al hijo pasan a ser un símbolo para expresar la misericordia y la ternura de Dios.

La palabra misericordia va a querer expresar esa acogida única de alguien que engendra a otro ser, y qué siente por ese ser que nace de sus propias entrañas. Es una experiencia única que no tiene parangón.

La palabra misericordia va a querer expresar la relación nuestra con Dios que nos ha engendrado, y por tanto va a querer expresar nuestro carácter de hijos… con ternura de entrañas.

Nuestra fe tiene que convocarnos al amor, a la fiesta, al encuentro feliz y solidario con todos. Un cristiano o vive la misericordia y la ternura o está avinagrado. Y un tiempo nuevo se abrirá paso entre nosotros. El tiempo de la gracia y de la salvación.

Como dice el Papa Francisco, «la revolución de la ternura».

D. Arturo. Ros Murgades
Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Valencia