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Si no aprendes a aceptar tu pasado, a las personas que te rodean y tu propia realidad, no podrás avanzar en tu desarrollo personal. La aceptación es de sabios.


«¡Estoy harta de esta hermana maníaca!»

¿Odias esas arrugas que te van saliendo?

¿Te quitaron de esa responsabilidad que venías asumiendo los últimos 20 años y estás rabioso desde que te lo anunciaron hace dos años?

¿Te gustaría ser más guapo, alto, delgado…?

¿Te gustaría volver a los tiempos de tu noviciado… tan glorioso, numeroso, espléndido y lo añoras?

Decía el gran novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India, George Orwell que “la felicidad solo puede existir en la aceptación”.

Parece claro que es de sabios aceptar lo inevitable, modificar lo que pueda para bien ser cambiado y saber qué se debe aceptar y qué se puede modificar. Tenemos mucho trabajo al respecto.

En las Comunidades, como en los matrimonios, como en las amistades, como en la Iglesia, como en la Congregación a la que pertenecemos, como en nosotros mismos, necesitamos aceptar, necesitamos aceptarnos.

¿La aceptación es de conformistas?

La aceptación no está reñida con un inconformismo bien entendido, el que consiste en modificar todo aquello que es posible y conveniente. Mucha gente piensa que, si no se queja lo suficiente, si no llora y espere como debería, o que no se molesta con el mundo cuando algo no funciona, es porque está conformado, pero en realidad es justamente lo contrario. Ser débil es gastar nuestras energías y nuestro valioso tiempo.

Pero antes de intentar cambiar a los demás, modificar lo posible en los otros, piensa en ti mismo, piensa en qué tienes que aceptar en ti y qué puedes modificar de lo tuyo para exigir que los demás también lo cambien.

«¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo», tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Lucas 6, 41-42)

Cómo aprender a aceptar

¿Qué no puedes cambiar por mucho que te fastidie y tienes que aprender urgentemente a aceptar?

Permitidme que ponga 4 ejemplos que seguro encuentran resonancia en más de un lector de este artículo:

El pasado:

Decía más arriba que solemos ver el pasado como un tiempo siempre mejor que el presente. Sentimos que todo tiempo pasado fue mejor. Recordamos, añoramos y nos entristecemos en comprobar cómo la vida pasa rápido y nuestros tiempos de actividad pastoral, fuerza evangélica, responsabilidades asumidas, notoriedad social y prestigio que, otrora tuvimos, ya no están presentes.
Algunos lo viven con nostalgia enfermiza sin mirar para adelante ni aceptar que esos tiempos no volverán, cómo diría Cencini, “ni es conveniente que vuelvan”, y aceptar que estamos en otro tiempo (ni mejor ni peor que el pasado), con otras circunstancias.

Aceptar mi presente tal cual es, con mi responsabilidad de ahora, con mi edad, con mis limitaciones, con mis nuevas enfermedades, es un buen paso que nos evitará más de un disgusto y más de una enfermedad. Permítete vivir tu tristeza, como parte del proceso de duelo, pero no te conviertas en una víctima, ya que será un lastre a la hora de continuar con tu vida.

Las personas

Somos seres sociales. Nos rodeamos constantemente de otros. Incluso en la lucha contra mi enfermedad, postrado en una cama o recluido a mi silla de ruedas, estamos en contacto con otros en mayor o menor medida. Tenemos un afán irrefrenable por querer hacer a los otros a nuestra medida y juzgar aquellos comportamientos que no nos gustan o que son contrarios a nuestra forma de pensar.

Por mucho que quieras no conseguirás cambiar a nadie, lo más que puedes hacer es influir para intentar que cambie, y hasta que eso no suceda, debes de aceptar cómo es y cómo se comporta esa persona. No hacerlo te generará mucha frustración, sufrimiento y desesperación.

El tiempo

Eres de sol, pero tienes la suerte de vivir en la parte más lluviosa de tu país. Te quejas cada día por la lluvia, la niebla, el sol, el viento o la nieve… Parece que se han concentrado una constelación de elementos para fastidiarte a ti y que sufras justo lo contrario a lo que deseas.

Acepta que no lo vas a poder cambiar. Vivirás cabreado todo el día, enfurruñado y con el entrecejo arrugado. No te beneficia a ti ni a tu entorno. Esta falta de aceptar lo que es imposible cambiar no te ayuda a ser feliz.

Tu propia realidad

Tu pasado personal o familiar, tus dramas, tu físico, tus emociones/sentimientos, tu temperamento. Si eres calvo, y te pones un peluquín, no aceptas cómo eres, simplemente estás ocultando algo que te avergüenza.

Aprende a aceptar cómo eres y tu vida estará mucho más equilibrada. Lucha por aquello que puedes modificar de ti mismo a nivel actitudinal.

Dice Stephen Covey que “en la medida que aprendas a aceptar lo inevitable, serás capaz de emplear tu energía en aquellas cosas que sí puedes influir, y por tanto estarás mucho más tiempo en la acción que en la preocupación”.

Si no aprendes a aceptar ciertas cosas, te quedarás enganchada/o en estas emociones, y no podrás avanzar en tu desarrollo personal.

José Ramón López Oroza

Director Operativo de la Fundación Summa Humanitate