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El Papa Juan Pablo II, santo, inmortalizó el papel relevante que tienen los cuidadores en nuestra sociedad con esta frase: «La gran familia de la humanidad son los Cuidadores».

Tenemos que tomar conciencia de que a los cuidadores también los hay que cuidar, y los cuidadores también tienen la responsabilidad de cuidarse para cuidar bien.

Y con alegría, que ésta ya por sí misma es medicina para el enfermo y el cuidador.

El cuidador con buen humor transmite alegría al enfermo y la alegría siempre es saludable.

En este sentido, la Biblia une, a modo de titular, «Salud y Alegría. No dejes que la tristeza se apodere de tu alma, no te aflijas a ti mismo con ideas melancólicas; el contentamiento del corazón: éste es la vida del hombre y un tesoro inexhausto de santidad; la alegría alarga la vida» (Eclesiástico, 30, 22 y 23).

Si el cuidador tiene que estar cerca del enfermo, es la alegría la distancia más corta entre los dos.

El humor es una actitud ante la vida, que recomendaba el Padre Ángel Ayala SJ: «Estar siempre alegres y repetir, como yo, quiero ser santo».

Y un signo de salud mental es reírse hasta de uno mismo.

¡Cuidemos al cuidador!
¡Cuídate, cuidador!