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La salud emocional se refiere al bienestar psicológico general, cómo nos sentimos con nosotros mismos, la calidad de nuestras relaciones y la capacidad para gestionar las propias emociones y afrontar las dificultades.

Ser emocionalmente saludable es mucho más que estar libre de la depresión, ansiedad u otros problemas psicológicos.

El bienestar emocional está íntimamente ligado al equilibrio adecuado de nuestras emociones para afrontar la vida con el optimismo necesario e implica que sintamos la sensación de estar bien con nosotros mismos y que nos permita mantener relaciones personales y comunitarias saludables.

A lo largo del día, las personas sentimos emociones muy diferentes y experiencias distintas, capaces de desestabilizarnos en menor o mayor medida en función de la gestión que hagamos de ellas.

Con independencia de ello, cabe remarcar que todas ellas van a estar vinculadas a nuestras propias capacidades como persona, a nuestra autoestima y a nuestra propia autoconfianza.

Las personas que tienen una buena salud emocional son aquellas que mantienen una armonía entre lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen y en que la persona no se deja arrebatar por sus emociones.

Cuando hablábamos de las patologías que se pueden vivir en comunidad, comentábamos que la lamentorrea es extremadamente contagiosa. Igualmente, cuando estamos hablando en la esfera de las emociones, éstas se contagian con facilidad pasmosa. Es por ello que la buena vibración, como la mala, se percibe rápidamente, a veces solo con una mirada o un encuentro fugaz. David Goleman, en su libro sobre Inteligencia social, nos comenta este contagio en diversos estudios publicados.

Nunca olvidemos que las emociones dan lugar a los sentimientos, en cuya elaboración ya entran otros ingredientes como la voluntad, el perdón, la experiencia… Es importante controlar estas emociones para que también tengamos un determinado control de los sentimientos y comportamientos derivados de ello. 

Estar emocionalmente sano no significa no pasar por malos momentos o experimentar problemas emocionales. La diferencia es que las personas con buena salud emocional tienen una gran capacidad para recuperarse de la adversidad, el trauma y el estrés. Esta capacidad se denomina resiliencia y es una de las claves para tener buena salud emocional. Uno de los factores clave en la resiliencia es la capacidad de equilibrar el estrés y las emociones. La capacidad de reconocer las emociones y expresarlas adecuadamente, como ya hemos visto, ayuda a evitar quedarse atascado en la depresión, la ansiedad u otros estados de ánimo negativos que nos embargan y no nos dejan libres. 

Como estamos viendo, es una dimensión muy sensible y que debemos cuidar con esmero, queremos proponer unas pautas para mejorar nuestra salud emocional:

  • Reconocer las emociones.
  • Aprender a expresar los sentimientos de manera adecuada.
  • Relativizar los problemas y centrarse en las soluciones.
  • Mantener una vida equilibrada:
    • Potenciar las relaciones positivas.
    • Hacer deporte (ejercicio diario)
    • Aprender a relajarse.
    • Marcarse objetivos realistas.
    • Realizar actividades agradables.
    • Vivir la vida y la vocación con pasión y entusiasmo.
    • Reír y divertirse.

Si vivimos la vida con toda la capacidad de los sentidos, si nos metemos de lleno en la vida, en el momento en que el que vivo, entendiéndola en su plenitud y con perspectiva de futuro (a pesar de los años), toda ella pueda adquirir un nuevo sentido más pleno.

Recuerda que…

¡Si nos cuidamos mejorará nuestra calidad de vida!