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Es triste comprobar cómo nos vamos apagando… Se apagan las luces de la ilusión, de los planes de futuro, de un proyecto que se estaba iniciando.

Cuando visito alguna comunidad religiosa la alegría no es la misma. Se apagan nuestras luces por los miedos o temores a infectarme o a infectar, o a que alguno de mis familiares o amigos, se muera por este virus.

Las luces de la vida van menguando y la esperanza se va difuminando. No creáis que no tenemos razones. Miremos por donde lo miremos a veces es complicado ver la luz. Permitámonos estos sentimientos, hagámoslos nuestros para crecer con ellos. A veces nos empeñamos en luchar contra ellos cuando no es posible hacerlo.

Es lícito que quien vive de la hostelería se sienta desesperanzado, quien ha perdido su trabajo se sienta triste, quién no ve futuro se sienta angustiado, quién no cobra ni un euro desde hace meses se sienta agobiado, quien no puede dar de comer a sus hijos se sienta deprimido y desesperado… La vida, es injusta para muchos y venturosa para otros. La vida no es igual para todos.

De todas formas, en los momentos duros, de sufrimientos, de catástrofes, es una buena oportunidad para:

Ayudar a los que lo están pasando mal. Los que hemos recibido el regalo de la salud, del trabajo, del amor, de tener para comer todos los días, de tener un techo donde cobijarnos, de tener amigos… podemos compartir algo de nosotros con los que peor lo están pasando. Puede ser tiempo, puede ser regalar oportunidades, puede ser simplemente escuchar, puede ser rezar de corazón y con fe…

Ayudar en lo sencillo. A veces podemos pensar que, si nuestra ayuda no tiene un impacto muy grande, no vale para nada. No es así. Decía Teresa de Calcuta “el océano está hecho de gotas de agua”, así que tu gota es importante porque, con otras gotas, podemos hacer un océano. Ayuda a una persona, ayuda a tu hermano/a de comunidad que está triste o con angustia, ayuda a tu vecino que no tiene que dar de comer a sus hijos… Son pequeñas gotas, pero con gran impacto.

Mostremos alegría. Los que somos afortunados y no tenemos motivos para quejarnos, no podemos andar mustios por el mundo. La queja es un defecto nacional. Nos quejamos de todo, incluso sin tener razón y queremos parecer el ombligo del mundo. Miremos a nuestro lado, miremos la realidad del mundo, de nuestros vecinos, de nuestra gente, de amigos y conocidos y nos daremos cuenta que no tenemos ni un solo motivo para quejarnos y lloriquear todo el día. Demos gracias a Dios por la vida, por la salud, por quien nos atiende, por quien nos cuida, por quien vela por nosotros… y siempre con una sonrisa. Si no tienes motivo para quejarte y estar triste, no lo busques para que se compadezcan de ti y te hagan caso. Tu responsabilidad es regalar alegría y felicidad a los que realmente la necesitan.

Mostremos esperanza. Esto de la pandemia del coronavirus parece inacabable, parece que no vemos el final de la misma. Sin embargo, llegará. Todo llega. La solución a esta pandemia la tendremos entre manos más pronto que tarde por lo que no podemos perder la esperanza. Estos días se ha anunciado que el 90% de una de las vacunas que se acabará comercializando es eficaz en un 95%.

Ayudémonos a estar esperanzados, ilusionados con el futuro, esperanzados también en que la humanidad va a cambiar en algo. Algo nos estará enseñando todo lo que estamos viviendo y sufriendo, ¿no creéis?

Seamos responsables. “Es incorrecto e inmoral tratar de escapar de las consecuencias de los actos propios” decía Mahatma Gandhi. Tomemos nota. Seguimos teniendo la misión de la responsabilidad, quizás es la misión más importante y trascendental porque está en nuestras manos salvar vidas, la nuestra y la de los demás.

Una vez me encontré en la portería de una casa que visité a cuatro hermanas juntas y sin mascarilla viendo el periódico. Al verme se disculpaban diciendo que ahora se la ponían, como si yo fuese un árbitro que reparte suerte… La responsabilidad es individual y tenemos que asumirla, NO por lo que vayan a decir, sino porque entendemos que es la única manera de cuidarnos y de cuidar. ¡Qué misión más importante!

Os animo a todos, no claudiquemos a la desesperanza, ayudémonos unos a otros, intentemos ser luces para tantas sombras.

Un abrazo a todos y todas.

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