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Todos, de una u otra forma, debemos vivir el presente, este día como el último. Cuando nos hacemos mayores vamos viéndolo quizás con más urgencia, y se ve también como un don cada día. Se agradece, o debería de agradecer más, cada instante, lo que tenemos y no tanto lo que ya perdemos: las amistades; los pequeños detalles, que hace unos años pasaban inadvertidos y que son vitales, como pueden ser el andar; el movernos adecuadamente; el mantener la mente activa y los recuerdos intactos; el poder comer por mí mismo; el poder decir gracias o te quiero. Son lujos que todos deberíamos agradecer cada día. La vida, toda ella, es motivo de gratitud a quien nos las regaló dadivosamente.

¿Nos comunicamos?

El desarrollo de la vida humana nos debe llevar también a reconocer y valorar los espacios de silencio que se dan en nuestro presente: sin duda ya hay menos palabras (nos apetece menos hablar), menos comunicaciones, más interferencias (radio, televisión, ordenadores…), se habla menos y se comunica menos todavía pero no sé si necesariamente se escucha más.

Oyes con frecuencia a personas mayores quejarse de la soledad, de que nadie les hace compañía, de que no tienen a nadie con quien compartir tiempo, palabras, experiencias… vida. Pero también es cierto que, si nuestras comunicaciones son siempre sobre lo mismo, nuestra conversación está envuelta de quejas y las experiencias comunicadas tienen que ver con la misma experiencia, una y otra vez, esto puede suponer cansancio del interlocutor, y provoca, con mucha frecuencia, que se huya de ello.

Vivir el presente de forma plena

Todo esto lo decimos porque ser mayor es una buena oportunidad para vivir el presente de forma plena. No podemos dejar de formarnos, de leer (para enriquecer nuestra vida, nuestras conversaciones, nuestros espacios compartidos). No debemos aislarnos en una habitación, en nuestras cosas, en nuestro mundo. Debemos seguir abriéndonos, estés como estés, sea cual sea tu dependencia (si es que existe), adaptándonos a ella y no que ella embargue todo nuestro ser y existir.

Para poder compartir con otros, nosotros tenemos que saber escuchar activamente, debemos alimentarnos (evidentemente de nuestra experiencia) de personas, vivencias, lecturas, encuentros, pequeños espacios…

Estamos también en una edad que es una buena oportunidad para escuchar el silencio. Solo seremos capaces de hacerlo si manejamos nuestros propios sentimientos, si buscamos nuestra paz y rumiamos el agradecimiento de esa situación. Se vive el presente en silencio como oportunidad para poder comunicarnos luego bien con los demás hermanos, con el personal que nos cuida, con otras personas, con Dios.

Fuera del ahora

A veces nos encontramos con la mente fuera del ahora y del hoy, quizás porque la mente está agitada, condicionada, ocupada por pensamientos, en su mayoría involuntarios o automáticos. Estos pensamientos suelen centrase en lo que va a ocurrir o puede ocurrir en el futuro a todos los niveles;  en lo que ocurrió o pudo ocurrir en el pasado; en compararse con otros… Otras muchas veces, vagando de una cosa a otra sin aparente orden ni concierto.

Pero la forma de que nuestro pensamiento nos deje estar en el presente no es, obviamente, pensando en que “debes o quieres estar y vivir el presente”, pues eso no pasará de ser un buen propósito,  propósito que será arrastrado por la corriente de su pensamiento, un deseo que apenas tendrá efecto más allá de unos minutos.

Cómo vivir el presente

Vivir el presente, valorarlo, y aceptarlo, es estar atento a lo que ocurre. Es necesario ser capaz de prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, en nuestra comunidad, en nuestro pequeño mundo, pero también en el gran mundo que nos rodea y que está fuera de lo limitado que es lo nuestro. Y para ser capaz de prestar atención, es necesario, tal y como comentábamos, que el pensamiento esté en silencio.

Por tanto, estar en el presente requiere que el pensamiento se acalle para tomar conciencia del mismo y aprender a valorarlo adecuadamente.

Preguntas que nos puedan ayudar a la reflexión individual y grupal

  1. ¿Cómo es mi día a día?
  2. ¿Qué valoro de mi presente?
  3. ¿Disfruto del silencio, de los espacios, del tiempo, de la vida…?
  4. ¿Cómo me comunico conmigo mismo? ¿Huyo de mi realidad, de mi vida, de mi pasado… o lo afronto con valentía y compasión?