En mi familia tenemos una bonita tradición el 6 de enero que consiste en ir a misa antes de entrar en el salón para abrir los regalos que los Reyes Magos han tenido la generosidad de regalarnos.

Cuando nuestros hijos eran pequeños lo explicábamos de una manera sencilla: si Cristo no hubiera venido al mundo a regalarnos el amor de Dios, no hubieran existido unos Reyes Magos que, en su búsqueda incansable de los signos de Dios, llevaran regalos al pesebre. Y, por lo tanto, hoy tampoco habría unos niños inquietos y entusiasmados que escribieran su carta a los Reyes Magos. Vayamos pues a Su casa a agradecer su venida al mundo, todo el amor que quiere darnos, antes de abrir los regalos que nos han traído los Reyes. Ahora que son mayores, ya no hace falta explicarlo: “Señor , tú eres mi regalo”.

Y ¿qué nos regala exactamente a cada uno de nosotros este año? Encomiéndate al Espíritu Santo, lee despacio y encuentra tu regalo, hay uno pensado desde el cielo para ti:

Te regalo mi paz, para que la regales a cuantos se crucen en tu camino.
Te regalo mi humildad, para engrandecerte
Te regalo mis llagas, para que te conforten en tú dolor y crezca en ti la esperanza.
Te regalo mi pesebre, para que en el repose tu corazón.
Te regalo mi alegría, para que con ella contagies en el mundo
Te regalo mis manos, para que con ellas construyas mi Reino
Te regalo mi hombro, que sostuvo la cruz, para que TE ayude a cargar la tuya
Te regalo mi amistad, para que te apoyes en ella.
Te regalo la luz de mi mirada, para que guie tus pasos y seas luz en la vida de tu familia, comunidad y amigos.
Te regalo mi corazón, para que ames a los demás como yo amo.
Te regalo mi misericordia, para que con ella mires a los demás
Te regalo mis pies, para que camines el camino de la verdad
Te regalo mi estrella, para que te muestre el camino que conduce hasta mi
Te regalo mi ternura, para que con ella sirvas a los pequeños, a los necesitados
Te regalo el perdón, para que sane tu corazón y me ofrezcas lo mejor de ti.
Te regalo a mi madre, para que te acompañe en el camino

¡Que lo disfrutes!

Por María Eugenia Aguado
Directora del Instituto Humanitate