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En el Instituto Humanitate nos gusta saborear la vida. Para ello necesitamos elaborar con esmero el plato de cada día. Os invitamos este mes de julio a vivir con sentido la vida comunitaria. Para ello os hacemos una propuesta: preparar la primera de las 12 recetas para enriquecer la vida comunitaria que nos presentó María Eugenia Aguado el pasado miércoles 23 de junio.

En el taller online de la directora del Instituto Humanitate, más de 80 personas fuimos descubrimiento las 12 fórmulas que nos ayudarán a lo largo del año a estar más unidos, a ser más hermanos y por ende, más felices.

En este blog iremos desgranándolas mes a mes para así cocinarlas a fuego lento, intentando incorporar poco a poco los ingredientes y obtener un sabroso plato lleno de fraternidad y felicidad.

El cuento

En el último post, María Eugenia nos quiso abrir el apetito contándonos una historia escogida del libro «Aplícate el cuento» de  Jaume Soler y Mercé Conanglada: 

¿Recodáis al hombre, perseverante, que volvió a formular la pregunta al tercer albañil y la respuesta de este último: «¡Estoy construyendo el hospital infantil del pueblo!»? ¿Qué diferencia al tercer albañil de sus compañeros?

«Tener los objetivos claros»; «tener metas»; «saber qué es lo importante en la vida»… Estas fueron algunas de las respuestas de quienes participasteis en el taller. Efectivamente, según nos explicó María Eugenia, es crucial tener clara nuestra misión en la vida, también cuando llegamos al final, cuando parece que ya todo está hecho o cuando en nuestra comunidad nos conocemos tanto que creemos que ya no necesitamos trabajar más para afianzar nuestras relaciones.

Sin embargo, siempre es bueno renovar la vida de nuestra comunidad para amarnos más y mejor. Porque, como dice San Agustín en la cita que recogió María Eugenia:

«Si no quieres sufrir no ames, pero si no amas ¿para qué quieres vivir?»

Ingredientes

  • El don de comunión: Es un don del Espíritu Santo que nos habla de una común-unión; de una vida fraterna de la que todos sus miembros son corresponsables. Se trata de un vínculo de pertenencia a través de un Dios que se hace presente allá donde se reúnen más de dos en Su nombre. Se necesita la gracia particular de la vocación para estar unidos por una común Llamada de Dios en la línea del carisma fundacional de nuestra congregación.
  • Fraternidad cristiana: Es un lugar donde se llega a ser hermanos y se da testimonio de intensa comunión fraterna. La vida fraterna, que ha de ser testimonio de los valores evangélicos, es una vida que tiene sus pilares en el cuidado de la vida espiritual de la comunidad, de las reuniones comunitarias, de la formación permanente, y también a través del cuidado de las necesidades de los hermanos y hermanas, y el cuidado de las relaciones interpersonales que deben ser alegres, sencillas y amables, desde la humildad y la confianza.
  • Misión apostólica y evangelizadora: Inspirados en los valores evangélicos, hay una entrega, un apostolado, ya sea hacia dentro de nuestra comunidad como hacia afuera. Debemos revitalizar esta misión de manera constante a través de la entrega, la generosidad, al vivir plenamente lo cotidiano, hacer el bien sin mirar a quien y  tener una actitud de permanente acogida hacia fuera, pero también y sobre todo hacia dentro.

Elaboración

Para vivir con sentido la vida comunitaria, María Eugenia nos propone una dinámica, entre muchas posibles, conocida como la técnica de la mecedora. 

Te imaginas que has llegado al final de tu vida, estás sentado en una mecedora pensando cómo has vivido. Y te haces estas preguntas:

  • ¿Qué momentos te gustaría recordar de tu vida comunitaria?
  • ¿En qué medida has cumplido con tu misión, con tu Llamada?
  • ¿Qué cosas te gustaría haber hecho?
  • ¿Qué lugares te gustaría haber visitado?
  • ¿Qué tipo de persona te hubiera gustado llegar a ser?
  • ¿Cómo te gustaría que te recordasen en tu comunidad?
  • ¿Qué podría hacer hoy para lograrlo?
  • ¿Qué puedo hacer para cambiar a mejor?
  • ¿Cómo actualizo mi misión?
  • ¿Qué metas me marco para esta semana?

Escribe tu declaración de misión y metas. Léelas al despertarte por las mañanas, en algún momento durante el día y al acostarte por las noches. Así lograremos vivir con mayor sentido nuestra vida comunitaria.