¿Hemos vivido o estamos viviendo en comunidades de mayores donde la convivencia era o está siendo casi irrespirable?

José Ramón López y María Eugenia Aguado

Convivencia difícil en comunidades de mayores

En muchas ocasiones, con la edad, las personas mayores pueden adquirir malos hábitos de conducta, con contestaciones o gestos que quedan fuera de lugar. En otros casos se enfatizan problemas ya antiguos, reprimidos o simplemente no debidamente atendidos, que con el paso de los años se han agravado y se tornan crónicos. En otros, la enfermedad o la aparición progresiva de deterioros cognitivos, bastante disfrazados, juegan un papel clave en estas situaciones que hay que aprender a entender y manejar.
En cualquier caso, estamos hablando de hermanos/as que sufren y hacen sufrir.

La convivencia con estos hermanos/as y entre ellos puede llegar a ser insoportable, crítica e incluso inasumible para algunos, llevando en muchos casos a tomar decisiones de traslado de comunidad de estas personas, que por un lado no sanan el sufrimiento latente y de otro, no solucionan el problema de convivencia sino que se traslada de localidad y comunidad.

  • son situaciones cada vez más frecuentes,
  • son situaciones complejas porque muchas veces las personas que sufren y hacen sufrir, no son conscientes del impacto distorsionador que su conducta tiene en las demás personas de la comunidad y normalmente tampoco están dispuestas a dejarse acompañar o acudir a algún tipo de terapia (el problema no lo tienen ellas, es culpa de las demás que “están en contra”, “no me quieren”, “me tienen envidia/manía porque ….”),
  • son situaciones que no se pueden mantener en el tiempo simplemente con paciencia, por el perjuicio psicológico que muchas veces puede conllevar -a corto, medio y largo plazo- para las personas que tienen responsabilidad sobre ellas y para la propia comunidad,
  • son muy delicadas porque estamos hablando de personas, y de personas que son nuestros hermanos/as y ,
  • en definitiva, son situaciones que pueden suponer un verdadero quebradero de cabeza para todo el mundo (para los superiores/as de las casas, para los demás miembros de la propia comunidad, y para los equipos provinciales y generales a los que les llegan estos “problemas”).

¿Qué hacer ante estas situaciones?

¿Qué hacer en estas situaciones? ¿Cómo atender el sufrimiento de las personas que están resultando “tan incómodas o insoportables” y cómo evitar o contrarrestar el impacto negativo en la comunidad?

Cuando hablamos de personas, nunca hay una receta que sirva para todos los casos, pues todos somos únicos e irrepetibles, con nuestra historia, singularidades y circunstancias. No obstante, no hacer nada o simplemente mover a las personas para evitar el colapso comunitario, tampoco es una opción. Puede que haya que hacer cambios, pero es importante atender la raíz del sufrimiento que está originando estas dificultades de convivencia, y dar herramientas, tanto a nivel personal como a nivel comunitario, para que la convivencia comunitaria sane y sea fuente de santificación.

Pautas de los profesionales del acompañamiento

Los profesionales del acompañamiento y la atención clínica en estas situaciones , nos dan algunas pautas para saber cómo actuar:

1. Tener un buen diagnóstico.
No es lo mismo las personas mayores que tienen de por sí un carácter fuerte, de aquellas otras con tintes egoístas y manipuladores que rozan o tocan lo patológico, o de aquellas personas con comportamientos o con manías relacionadas con estar sufriendo enfermedades neurodegenerativas. Y un buen diagnóstico lo tiene que hacer un buen psicoterapeuta , y es deseable que conozca la vida consagrada así como las dinámicas que se dan en la vida comunitaria.
Este diagnóstico va a permitir entender las causas que le llevan a tener este comportamiento, esas manifestaciones de rabia e impotencia mal canalizadas, y va a permitir trazar un proceso adecuado, un plan de acción para cada caso, que nos diga qué conviene hacer, qué podemos hacer y cómo lo vamos a hacer.

    2. Acompañar las fragilidades personales que necesitan ser acompañadas, para que las personas puedan sanar y superarse.
    Es importante el modo en que se plantea este acompañamiento para que no produzca rechazo en la persona, para que entienda la necesidad y la importancia en aras al bienestar personal y comunitario.
    El acompañamiento puede ser necesario a distintos niveles, incluso a veces se requerirá una atención “clínica”.

    3. Acompañar a las comunidades (acompañamiento sistémico) para dotarlas de las herramientas que necesitan.

    Las comunidades tienen que poder contar con estrategias y herramientas que les permita mejorar la calidad de las relaciones y facilitar la resolución de conflictos, promoviendo el bienestar de todos los miembros de la comunidad.

    4. Actuar con determinación.
    Es fundamental que las personas que tienen que tomar decisiones, las tomen a la luz del diagnóstico previo y las conclusiones del mismo; en este sentido, procurar que no entren en juego los miedos, los complejos, el temor a la imagen que se va a dar… Hay que ser determinantes, serios y consecuentes, pensando siempre en el bien colectivo y pensando en ayudar individualmente a quien lo está pasando mal.

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