Superar miedos y excusas institucionales para la creación de espacios intercongregacionales como una vía alternativa en el cuidado digno de nuestros mayores.
Por José Ramón López, director de Relaciones Institucionales.
Las congregaciones religiosas están afrontando uno de los mayores desafíos de su historia reciente que tiene que ver con el cuidado de sus hermanos y hermanas mayores. Sin embargo, mientras los números disminuyen, las necesidades aumentan y los recursos se reducen, seguimos actuando como si cada instituto pudiera resolver por sí solo una situación que ya es claramente común.
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir sosteniendo estructuras inviables por miedo a dar pasos valientes?
El miedo que nos paraliza
La creación de espacios intercongregacionales para el cuidado de religiosos y religiosas mayores no es una opción de futuro; es una necesidad del presente. No se trata únicamente de una cuestión económica o de eficiencia, se trata de ofrecer una atención más digna, más profesional y más humana a quienes han entregado su vida al servicio de la Iglesia.
No sé cómo lo veis vosotros, pero percibo (quizás esté equivocado) que cuando se plantea esta posibilidad aparecen miedos bastante compartidos: que si nuestro carisma es diferente, que si nuestra forma de vivir la fraternidad es única, que si perderemos identidad, que si nuestros mayores no se adaptarán, que si la congregación vecina piensa distinto. Son objeciones conocidas, repetidas durante años y, en muchos casos, utilizadas para evitar decisiones difíciles.
Resulta paradójico que hombres y mujeres que han dedicado su vida a la misión, al riesgo evangélico y a salir de sus seguridades se muestren ahora tan cautivos de los temores institucionales. Porque, seamos sinceros, detrás de muchas de estas razones no siempre hay discernimiento, a veces hay simplemente miedo. Miedo al cambio, miedo a perder control, miedo a reconocer que ya no podemos hacerlo solos.
El carisma no puede ser una excusa
El carisma merece ser cuidado, pero no utilizado como excusa. Ningún carisma nació para justificar el aislamiento. Al contrario, todos nacieron para servir a la Iglesia y responder a las necesidades de cada tiempo y nuestro tiempo nos está diciendo con claridad que la colaboración ya no es una posibilidad entre otras, sino que es una exigencia de responsabilidad.
Los religiosos y religiosas mayores necesitan cuidados de calidad, comunidades vivas y entornos donde puedan seguir experimentando fraternidad y sentido. Eso no depende de que todos lleven el mismo hábito ni pertenezcan a la misma congregación, depende de que pongamos a la persona en el centro y dejemos de proteger estructuras que ya no responden adecuadamente a la realidad.
Quizá la verdadera pregunta no sea si estamos preparados para crear espacios intercongregacionales, quizá la pregunta, en mi humilde opinión, sea si estamos preparados para seguir retrasándolos. Porque cada año que pasa sin tomar decisiones valientes es un año más de desgaste, de recursos dispersos y de oportunidades perdidas para ofrecer un mejor cuidado.
Una invitación a actuar juntos
La historia de la vida religiosa siempre ha avanzado gracias a personas valientes, capaces de leer los signos de los tiempos y actuar con audacia. Hoy necesitamos esa misma valentía, más visión y más colaboración. Nuestros mayores ya han hecho su parte, ahora nos corresponde a nosotros tomar las decisiones.
Esta reflexión es una invitación que no busca generar incomodidad, sino propiciar un discernimiento sereno, honesto y constructivo sobre la viabilidad de nuestras estructuras actuales y la necesidad de explorar con audacia evangélica nuevos caminos de futuro.
Y para que este artículo no se quede en una reflexión más, quiero hacer una propuesta muy concreta. Si alguna congregación, provincia o equipo de gobierno desea explorar seriamente un proyecto intercongregacional para el cuidado de religiosos y religiosas mayores en cualquier lugar de España, puede ponerse en contacto conmigo, José Ramón López (jrlopez@fundacionhumanitate.org).
No prometemos ni debemos prometer soluciones mágicas, pero sí conversación, escucha y la posibilidad de pensar juntos caminos nuevos.
3 respuestas
Muy acertada esta visión del espacio que damos a los miedos en todo lo que tiene que ver con llo intercongregacional….
Y todo en nombre de «proteger» el carisma.
Soy de las que tienen más dd 80 años y llevo AÑOS soñando con caminos de inter- congragacional, no sólo para h as cer frente al cuidado de ancianos, sino como camino unico para el futuro
Muy interesante.
También yo estoy muy de acuerdo con los proyetos intercongregacionales y estoy convencida que necesitamos perder los miedos y avanzar por ahí.
Estoy en Portugal y siento que haya poca consciencia por parte de las congregaciones de esta necesidad.
Pero hay que seguir insistiendo y proponiendo dar pasos.
Gracias José Ramón por tus reflexiones tan oportunas y necesárias.
Umbelina