La escucha de forma activa, genuina y humilde es caricia y condición previa para construir caminos de encuentro, de crecimiento personal y comunitario. ¿Qué deberíamos desaprender y qué tenemos que recordar?

Por José Ramón López, director de relaciones institucionales de la Fundación Summa Humanitate.

Creo que es una idea mayoritaria el afirmar que vivimos en una sociedad altamente ruidosa. Y no me refiero solo al ruido externo – que también – sino al ruido interno que todos llevamos dentro. Ese que nace de las prisas, del estrés, de la soledad no deseada, de la falta de conexión, de los prejuicios, de la crítica poco constructiva hacia el otro y de los múltiples miedos que nos rodean. En mi trabajo, cada día confirmo algo que para mí ya es evidente: la verdadera necesidad de nuestro tiempo y especialmente de los mayores que atendemos, no es más información, más tecnología, más cosas que hacer, sino más empatía, más escucha, más comunicación auténtica, más humildad y menos ego.

Permitidme que me centre en la escucha, más aún en este tiempo de adviento que precisamente nos habla de silencio, escucha y discernimiento. Decía el médico y escritor Arthur Conan Doyle que “la mayoría de la gente escucha con la intención de responder, no con el deseo de comprender”. Al fin y al cabo, lo que está diciendo Doyle es que ponemos en juego una vez más nuestro ego por encima de la donación que es escuchar. Escuchamos muchas veces con la “escopeta cargada”, a la defensiva, según quien sea mi interlocutor y pensando más en nosotros mismos que en la persona que se nos acerca a comunicarnos algo.

Se nos olvida que una escucha activa puede conllevar aspectos muy beneficiosos para quien realmente sabe escuchar. Nombremos cuatro:

  1. Ser un maestro de la escucha es un modo de crecer como persona porque implica estar en disposición de aprender. Escuchar activamente es una forma fundamental de crecer como persona porque permite aprender de los demás, amplía el criterio, fortalece las relaciones interpersonales y mejora las habilidades de comunicación
  2. Escuchando crecemos en empatía. Al practicar la escucha activa y atenta, podemos entender mejor las emociones y perspectivas de los demás, lo que nos permite ponernos en su lugar. Solo se puede aprender desde una disposición de apertura al otro y con ganas de sorprenderse. Únicamente se puede aprender si se sabe escuchar. Quien sabe escuchar comprende que existen tantas realidades como seres humanos, que cada uno tiene su verdad y nadie tiene el monopolio de la verdad absoluta.
  3. Con la escucha ejercitamos la paciencia y fomentamos la unión comunitaria. Escuchar atento ayuda, tanto a uno como otro, a mantener la calma cuando se trata de una crisis o discutir un tema sensible. Una buena escucha ofrece la posibilidad a la persona que está hablando de comunicar y expresar sus pensamientos, sus emociones y sus sentimientos; y el oyente tiende a tener más autoestima y una mejor imagen de sí mismo, ya que la escucha trabaja hacia el establecimiento de relaciones positivas.
  4. La persona que sabe escuchar desarrolla el sentido de la prudencia y de la humildad. Quien piensa que todo lo sabe, no escucha. Los engreídos, los orgullosos, no escuchan a los demás. Como subraya Francesc Torralba Roselló, “la escucha es un acto de receptividad y, por ello, solo puede escuchar quien limpia los poros de su ser y permite la libre circulación entre lo exterior y lo interior”. En ese sentido, prosigue, “deberíamos escuchar, sobre todo, a los que piensan de un modo distinto, a los que creen en otro dios, a los que viven de un modo radicalmente diferente al propio. Todo ello tendría como resultado un conocimiento más profundo de la humanidad del hombre”.

San Pablo afirma que “la fe nace del mensaje que se escucha” (Rm 10,17). Que esta cita y este texto sean una invitación a contemplar el Adviento como un camino de silencio interior, silencio respetuoso que se predispone a acoger y a aceptar incondicionalmente a los demás, que te predispone a la escucha en mayúsculas. El Papa Francisco decía “La escucha corresponde al estilo humilde de Dios (…). La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor. (…) Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros” (mensaje para la 56 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24/02/2022)

Sigamos escuchándonos y acompañándonos con el corazón abierto, construyendo comunidades donde Cristo encuentre posada, donde resuene el amor que Dios regala al mundo.

En nombre propio y de toda la Fundación Summa Humanitate, ¡FELIZ NAVIDAD!

Un comentario

  1. Muchas gracias. El tema me parece importantísimo, sobre todo para quienes somos rapidillas… Yo tango que aprender tanto!

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