El desierto no es un lugar concreto en un mapa, sino el lugar donde se sostiene un combate interior que fortalece y purifica, donde uno aprende quién es y a quién pertenece.

Por Instituto Humanitate

La batalla se libra dentro

Hay una pequeña historia muy simple, contada de diferentes maneras, que puede ayudarnos a vivir este tiempo de preparación para la Pascua.

«Había una vez un hombre que tuvo un sueño, en el cual Dios le encomendaba una importante misión: “Debes cambiar el mundo para convertirlo en un mundo mejor”, le dijo. Al día siguiente, cuando el hombre despertó, se preguntó: “¿Y ahora, por dónde empiezo entre todos los países del mundo? Pues empiezo con mi país. ¿Y entre todas las ciudades?  Empezaré con la mía. ¿Y entre todos los barrios? Empezaré con el mío. ¿Y entre todos los hogares? Empezaré por el mío. ¿Y entre todos los miembros de mi familia? Empezaré conmigo mismo”».

Y es que este es un tiempo privilegiado de cambio, de conversión, de luchar contra aquello que desordena el corazón.

Una de las sabias frases de Aristóteles dice así: «Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo». Y qué cierto es: la batalla decisiva no está fuera, está dentro. Y, como dice el Evangelio, no se trata sólo de reprimir o dominar los deseos sin más, sino de cooperar con la gracia para ordenarlos a un amor mayor.

Empezar por uno mismo

La Cuaresma no es, pues, tanto un tiempo de heroicidades visibles o de muchas prácticas externas, sino más bien de combates silenciosos.

Tal vez sea tiempo de no apropiarme de la última palabra, de aprender a querer sin manipular, de dejar de absolutizar mi criterio.

Tal vez sea tiempo de preguntarme, con honestidad: ¿Qué reacción mía está dañando silenciosamente la convivencia? ¿Qué palabra debería haber callado? ¿Qué gesto podría haber ofrecido y no ofrecí?

Tal vez sea tiempo de practicar la fraternidad cuando mi hermana, mi familiar, repite lo mismo por tercera vez, cuando no cumple lo acordado o cuando sus manías me molestan.

Tal vez sea tiempo de escuchar más y hablar menos, de pedir perdón sin justificarme, de renunciar a un comentario que alimenta la crítica.

Tal vez sea tiempo para revisar dónde están hoy mis deseos. ¿Qué ocupa realmente el centro? ¿Qué reacciones se repiten? ¿Qué me cuesta soltar?

Como dice el Papa León XIV en su mensaje para la Cuaresma: “La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse…” La Cuaresma es, sobre todo, tiempo de escucha de La Palabra que acoge y libera, de ayuno que fortalece la convivencia y de disponibilidad que abre caminos de solidaridad con los que sufren para construir, juntos, “la civilización del amor”.

Os deseamos una fecunda Cuaresma.

Un comentario

  1. Me parece muy bueno por su contenido. Yo lo agradezco mucho y espero poder compartirlo con las Hermanas.

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