¿Cómo sostenemos el sufrimiento de nuestros mayores? A veces huimos del sufrimiento de los demás porque no queremos sufrir, pero para acompañar bien es importante, entre otras cosas, saber escuchar, saber estar y saber validar.
Por María Eugenia Aguado
Eran casi las tres de la madrugada cuando sonó el timbre de la habitación 12. Lucía, auxiliar de la enfermería del turno de noche de la enfermería de la comunidad, encontró a la hermana Carmen sentada al borde de la cama, con las manos temblorosas. Ochenta y nueve años, cuarenta de ellos como maestra en Bolivia.
—¿Me sostienes, por favor?
Lucía intentaba ayudarle a incorporarse, pero la hermana se resistía, no quería levantarse. Se quedó agarrada a su brazo, sin soltarlo.
Validar … no es consolar deprisa
Hay ocasiones, y especialmente en situaciones que implican sufrimiento, donde la validación emocional es muy importante. Consiste en reconocer que lo que la otra persona siente es comprensible y legítimo. No se trata de corregir ni animar a toda costa sino de transmitir: «tiene sentido que te sientas así, y no te voy a dejar sola con ello».
Parece sencillo, pero va contra nuestros reflejos. Ante el sufrimiento solemos responder con frases bienintencionadas que, sin querer, a nosotros nos alivian y a ellos/as les aíslan, les cierran la puerta: «No diga eso», «con todo lo que vales, no es propio de ti…», «hay que tener fe».
—Ya no sirvo para nada —dijo Carmen esa noche—. Toda la vida dando, y ahora ni siquiera puedo ir sola al baño, me tienen que limpiar.
Lucía estuvo a punto de responder: «¡Qué va, hermana, cómo que no sirve, si usted es un ejemplo!». En cambio, se sentó a su lado.
—Tiene que ser muy duro necesitar ayuda para todo, después de pasar la vida ayudando a otros.
Carmen la miró. Y lloró, por primera vez en semanas.
Cuando la vida ha consistido en entregar…
En nuestro entorno de vida consagrada, y de vida entregada, la pérdida de capacidades toca algo muy hondo. La identidad se ha construido en torno a la misión, el servicio y la disponibilidad. Cuando el cuerpo ya no responde, no se pierde solo autonomía, sino mucho más; puede tambalearse incluso el sentido de la propia vida. Podríamos decir que la sensación de inutilidad no es la expresión de una queja, sino más bien un duelo profundo que hay que transitar. A esta situación a veces le añadimos una creencia (no explícita) que nos encierra en nosotros mismos; la de que una religiosa/o «no debería» tener miedo, no debería rebelarse ante el dolor, ni dudar.
Por eso es tan importante para las personas que acompañan o que atienden, lo hagan desde la empatía y la validación. Validar también es dar permiso para sentir.
—Tengo miedo, Lucía —susurró Carmen más tarde—. Me da vergüenza decirlo, pero tengo miedo de morirme.
Lucía no le habló del cielo ni le aseguró que todo iría bien. Le apretó la mano.
—Es normal tenerlo. Aquí estoy.
Lo que no se puede arreglar
Hay dolores que no tienen solución, pero no tiene nada que ver vivirlos en soledad que atravesarlos acompañado. En Getsemaní, Jesús confesó su tristeza de muerte y pidió a los suyos que velaran con él; no pidió explicaciones o consuelos, pidió compañía.
En este sentido, sostener no es quitarle el peso a la otra persona; es ponerse a su lado para que no lo cargue sola. Os compartimos algunas claves que nos ayudan a sostener y a revisar cómo lo estamos haciendo:
- Escuchar sin prisa y sin preparar la respuesta.
- Poner nombre a la emoción: «la veo triste», «parece que esto le enfada».
- Tolerar el silencio y las lágrimas sin intentar detenerlos.
- No minimizar ni espiritualizar demasiado pronto.
- Reconocer la historia de la persona, no solo su diagnóstico.
- Ofrecer presencia física cuando es bienvenida: una mano, una mirada a la altura de sus ojos.
Y añadiría algo que a menudo olvidamos: quien sostiene también necesita ser sostenido. Acompañar el sufrimiento desgasta, y los cuidadores necesitan espacios para descargar, formarse y cuidarse.
Aquella noche, Carmen se durmió con la mano de Lucía todavía entre las suyas. A la mañana siguiente, cuando Lucía pasó por la habitación 12, la hermana le sonrió:
—Gracias por no soltarme.
En nuestra próxima formación profundizaremos en estos temas y en la importancia de la empatía y la validación emocional para acompañar y acoger el sufrimiento de los demás. Os invitamos a participar en la sesión online del miércoles 14 de octubre, titulada «Empatía y validación emocional en la vida comunitaria; la importancia de comprenderse para poder acoger a los demás».
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