En cada arruga, una historia; en cada alma, una misión: Dios sigue contando contigo, siempre, hasta el último suspiro.
María Eugenia Aguado
Seguro que habéis oído hablar de los retiros de Effetá para adolescentes y jóvenes, los de Nicodemo para solteros desde los 30 hasta los 50 años, los de Emaús para mayores de 50…y recientemente han comenzado los retiros de Simeón y Ana, estos últimos orientados a mayores de 70 años. Todos estos retiros, pensados sobre todo para laicos, son una ayuda -adecuada a cada etapa y circunstancias de la vida-, para el encuentro personal con Jesús de una manera nueva.
Cada etapa de la vida tiene un propósito especial en el plan de Dios
En los de Simeón y Ana, tal como nos cuenta el P Javier Siegrist, se pretende reconocer y reavivar toda la dignidad, la importancia de la misión y la necesidad de la alegría de nuestros mayores, como pilares vivos de la iglesia y de la sociedad. El párroco de la iglesia del Santo Cristo de la Misericordia nos recuerda, en un artículo publicado en la revista Misión (1) que “cada etapa de la vida tiene un propósito especial en el plan de Dios”, y señala que “hasta el último momento de sus vidas, los mayores tienen vocación de ser luz y testimonio, como lo fueran Simeón y Ana al proclamar la llegada del Mesías”
Estas figuras bíblicas nos recuerdan que, con independencia de la edad, siempre habrá una misión que cumplir: una fe que transmitir, una experiencia vital que compartir, una oración y un sufrimiento que ofrecer, unos recuerdos y tradiciones que nos ayuden a entender de dónde venimos, un testimonio que legar a los demás, unas seguridades que soltar, una sonrisa o una caricia que regalar, un perdón que solicitar o conceder, una gratitud que derrochar, una cruz que abrazar (…)
Es precioso pensar que Dios cuenta con nosotros siempre, en cualquier etapa de la vida; que ha elegido necesitarnos, con independencia de cómo nos portemos y, que para la redención de la humanidad interviene a través de nosotros, con nuestra cooperación libre, en medio de nuestra fortaleza y especialmente de nuestra debilidad.
Llamados a ser testimonios de fe viva
Queridos hermanos y hermanas, vuestra vida es un ejemplo silencioso y humilde de décadas de servicio y amor. A pesar de las arrugas, las caídas y los achaques es importante que no decaiga el ánimo, que le quitemos miedo al miedo y nos sostengamos en la esperanza cierta de su abrazo, eterno e infinito.
Mientras tanto, tal vez nos ayude preguntarnos:
En nuestras casas y enfermerías, ¿cómo sostenemos espiritualmente a nuestros mayores?, ¿qué necesitamos?, ¿en qué podemos mejorar?
A nivel personal, ¿Qué ha de hacerse en mí hoy?, ¿cuáles son mis misiones?
– ¿En qué acojo y acepto la voluntad de Dios en mi vida?
– ¿De qué manera colaboro en el plan de Dios en medio de mi comunidad?, ¿y fuera?, ¿estoy en camino?
– ¿De qué manera mi amor es reflejo del Suyo?
Como dice Jose María R. Olaizola en su libro María en contemplaciones de papel, “todos podemos ser portadores de esperanza o de desaliento, de amor o de distancia, forjar encuentros o alimentar soledades”. Con nuestra presencia, con nuestra forma de mirar, tratar y cuidar a los demás, todos contamos quién y cómo es el Dios en el que creemos, ¿en cuál creo yo?
Nota al pie de página 1: Revista Misión nº75 , pag 56-57, “Retiros de Simeón y Ana. La misión que empieza a los 70”, de Juan Luis Vázquez Díaz -Mayordomo