La relación de cuidado es el relato de una aventura donde nos descubrimos seres dependientes unos de otros, donde experimentamos y agradecemos la fuerza vinculante de la vulnerabilidad y del amor en el servicio

Por María Eugenia Aguado, directora de Instituto Humanitate.

En la oración comunitaria pedimos e intercedemos por multitud de intenciones, por nuestros hermanos/as, por los que no tienen quien rece por ellos, por los que no tienen fe, por los que han perdido la esperanza (…) y en general por los que sufren por cualquier circunstancia.

La verdad es que, si te pones a pensar en todos los que necesitan de nuestra oración, la lista es interminable. No sé si la conocéis, hay una canción que me encanta porque ofrece una mirada compasiva muy amplia, se llama «Noche» y es una canción del grupo musical Hakuna.

En esta canción se reza por todos, o mejor dicho, por casi todos: por tu iglesia, por las naciones paganas, por los pueblos oprimidos, por los perseguidos por su fe, por sus perseguidores, por los que no nos aman, por los que no sabemos amar, por los que sufren y agonizan, por los que duermen en el hospital, por los que sufren la tentación del suicidio, por los que están dispuestos a dejar ganar al mal, por aquellos cuyas noches son interminables, por los que la angustia les ha quitado la paz, por los que trabajan en la prostitución, por los que duermen en prisión, por los criminales, por los que se sienten solos, por nuestros difuntos, por todos los habitantes, por los niños no nacidos y las mujeres que van a dar a luz,… y al final se ruega por los que quieren saciar Tu sed de amar.

Y cada vez que escucho esta última frase me viene un profundo agradecimiento por todos vosotros, por los religiosas y religiosos que cuidáis a vuestros mayores, por los trabajadores laicos que os apoyan, y también, por todas las personas mayores – frágiles, enfermas o dependientes – que os dejáis cuidar. No sé qué tiene más mérito, si cuidar a otros o dejarse cuidar, pero está claro que tanto unos como otros saciáis Su sed de amar, la sed de nuestro Señor:

  • Los que cuidáis porque os convertís en instrumento de Su amor, con vuestro cariño y esfuerzo diario; atendiendo de forma integral, escuchando, acogiendo, consolando, apoyando, sosteniendo, acompañando, … promoviendo la autonomía y respetando la singularidad de cada uno.
  • Los que os dejáis cuidar porque, aun encontrándoos en una situación que nadie desea, os dejáis hacer (con más o menos consciencia, con mejor o peor disponibilidad); abrazando poco a poco vuestra vulnerabilidad, confiando en los cuidados que los demás os ofrecen, valorando y agradeciendo los pequeños detalles, sosteniendo con vuestras oraciones y renuncias a medio mundo …

Hoy quiero unirme a esa canción, rogando de manera especial por todos vosotros, por los cuidadores y por los que os dejáis cuidar, para que os dejéis amar por Él y de esta forma podáis seguir saciando Su sed de amar.

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