Este es el sorprendente título de un cuento-oración que he leído recientemente y que os comparto porque me ha invitado a reflexionar; dice así:

María Eugenia Aguado

Matthew Henry es un conocido especialista en estudios bíblicos. cierta vez, cuando volvía de la universidad donde da clases fue asaltado. Aquella noche, él escribió la plegaria siguiente: 

Quiero dar gracias, en primer lugar, porque nunca había sido asaltado antes. En segundo lugar, porque se llevaron mi cartera y dejaron mi vida. En tercer lugar porque, aunque se hayan llevado todo, no era mucho. Finalmente, quiero dar las gracias porque yo fui el robado y no quien robó”.

Cuando la gratitud nace en medio del dolor

Hay quien dice que todo en la vida es elegir, que cada situación implica una elección, que cada mañana tú puedes decidir cómo empezar el día… 

Y esta reflexión tiene mucho de verdad, ¿no te parece? 

– ¿Puedes elegir empezar el día saludando a Dios y dándole gracias por estar vivo/a o no hacerlo? 

– ¿Puedes elegir entre vivir la vida desde la dinámica del don, de la entrega, o desde la dinámica del yo (de mi comodidad, mi ego, mis seguridades)? 

– ¿Puedes escoger estar de buen humor o de mal humor? 

– Cada vez que sucede algo malo ¿puedo elegir entre ser víctima o aprender de ello?, ¿puedes elegir entre cargar tu cruz o abrazarla? 

– Cuando ves sufrimiento a tu alrededor, ¿puedes elegir salir al encuentro o pasar de largo? 

Aunque obviamente hay muchas cosas en la vida que nos suceden y no las hemos elegido y, aunque no siempre resulte fácil, creo que sí podemos elegir cómo afrontar la vida, con qué actitud vivir nuestra vocación, cómo mirar al prójimo, cómo o hasta dónde dejar que los demás afecten mi estado de ánimo (…)

¿Qué elecciones hacemos en el día a día?

Me gusta el cuento que os ponía al inicio, porque me recuerda que muchas veces todo depende del punto de vista que escojamos. 

Personalmente creo que es una grandísima elección vivir en clave de agradecimiento, todo; lo ordinario y lo extraordinario, los momentos de luz y de sombra, los aciertos y los errores que me enseñan, la salud y la enfermedad, la abundancia y la escasez, las personas que comparten mi vida hoy, las que me han precedido en el cielo y las que llegarán (…) y, sobre todo, el sabernos profundamente amados/as por Dios, lo sintamos o no lo sintamos. 

Estoy escribiendo esta pequeña reflexión el martes de la octava de pascua, y acaba de publicarse en los medios el fallecimiento de nuestro querido Papa Francisco. 

Quiero terminar dando las GRACIAS, por tanto y tanto. Gracias con todo el corazón, a este gran pastor que quería ser recordado así: “Sólo soy un pecador que trata de hacer el bien”.

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