Las residencias para mayores son espacios diseñados para ofrecer cuidado, compañía y bienestar, asegurando una calidad de vida óptima en un entorno acogedor y lleno de oportunidades.
José Ramón López
Dirección de operativa de Fundación Summa Humanitate
Mi reflexión en esta ocasión es inusual dado que trasciende aquellos temas de los que hablo habitualmente en este foro. Quiero acercarme con sana y realista preocupación a lo que sufrimos en nuestras Residencias. Hay que recordar que cuando me refiero a residencias del Tercer Sector me estoy refiriendo a aquellas organizaciones implicadas en la atención a dependientes fundamentalmente vinculados a congregaciones religiosas, patronatos parroquiales o Instituciones en general sin ánimo de lucro.
Las entidades sin fin de lucro controlan cerca del 25% de las camas operativas en nuestro país. Las entidades del Tercer Sector son propietarias de 88.267 camas para personas mayores, lo que representa el 24,98% de las plazas operativas en nuestro país. En la importancia de este porcentaje influye sobre todo la tradicional actividad en el sector de entidades religiosas.
En algunos casos, la presencia de estas congregaciones alcanza cifras como las de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, propietarias de más de 15.000 camas en nuestro país, o las de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, cuya organización es titular de más de 3.000 camas. Ambas en importante retroceso en los últimos años.
Causas del declive
¿A qué responde esta actividad sectorial? A tres factores principales: Uno, dar respuesta al carisma congregacional; dos, dar respuesta a las necesidades reales de la población más vulnerable (la Iglesia es siempre la primera en responder ante los más vulnerables y los últimos en irse de escenarios donde los vulnerables siguen presentes -guerras, catástrofes, hambrunas…); y en tercer lugar, en dar respuesta y cobijo a una población sencilla, con pocas posibilidades, situada en pueblos, barrios marginales… Esta localización es importante, diría que fundamental, para entender el impacto que tiene el hundimiento de este sector.
Sabiendo que muchas de estas plazas son sostenidas por Congregaciones e Instituciones eclesiales, no es muy difícil adivinar que la falta de vocaciones, el envejecimiento de los Consagrados está provocando que tengan que pasar de atender a los residentes, a ser atendidos como un residente más. He aquí la primera causa de la crisis: residencias sostenidas y dirigidas por religiosos/as en las que solo una de ellas hacía tres jornadas laborales y casi gratis, han pasado a tener que contratar a tres personas laicas que hacen la labor de una sola religiosa. La escala se invierte. Los costes de los salarios se disparan. La sostenibilidad se tambalea.

Problemas financieros crecientes
Una segunda clave está en las tarifas. Estas residencias podían permitirse el lujo de acoger a personas humildes, sin muchos recursos económicos. Mientras las religiosas atendían estas estructuras y a sus residentes, esto se podía permitir: muchas religiosas trabajando gratis y sin absentismo laboral, pocos trabajadores laicos y costes de la materia prima y productos más o menos contenidos. Esto se ha terminado y se ha cambiado: cada vez tenemos más laicos contratados, menos religiosas trabajando en el día a día de los cuidados y el coste de la vida se ha disparado.
Una tercera clave del hundimiento de estas residencias son los salarios. Los salarios para los trabajadores de las residencias son claramente insuficientes, precarios y no permiten llegar a final de mes a muchas familias. Ahora bien, no es menos cierto que en el plazo de 5 años, se han incrementado los salarios en torno a un 41%. ¿Cómo repercutir un 41% en las tarifas de los residentes? ¿Quién puede pagar una tarifa media en España que está situada ya en 2041 euros?
Analizando los datos de los precios extraídos de las residencias asociadas al portal Inforesidencias.com a principios de agosto 2024, se puede observar que el precio medio de una plaza en una residencia de titularidad privada en España es de 2 041,34 euros al mes, un 2,58% superior a los 1 989,92 euros al mes que costaba de media en 2023.
Futuro incierto
En España, a tenor de la muestra de Inforesidencias, se puede decir que el precio medio ponderado de una plaza en residencia privada, si tomamos como referencia el año 2017, ha experimentado un incremento del 14,8% en los últimos ocho años, una subida menor que la inflación acumulada (22,3%).
Los precios varían significativamente entre comunidades autónomas: Euskadi sigue siendo la región con los precios más elevados, superando los 2 477,93 euros al mes; y en el otro extremo se encuentra Castilla León, con un precio medio de 1 735,11 euros al mes.
Una cuarta clave es el tipo de residencias. Muchas de estas residencias son pequeñas (menos de 45 plazas), situadas en entornos rurales. Si esta sostenibilidad corre peligro y se cierran este tipo de residencias, ¿a dónde van a parar nuestros mayores con pensiones más humildes?
Como las administraciones públicas no tomen cartas en el asunto de manera urgente, el modelo que están intentando implementar queda absolutamente desvirtuado y superado.
Estoy absolutamente persuadido de que el trabajo para no abolir este modelo residencial pasa inexorablemente por realizar una apuesta decidida por el trabajo conjunto entre el sector público y privado.
O abrimos los ojos y entre todos ponemos el cascabel al gato, o en 5 años estaremos condenados al cierre masivo de muchos de estos Centros.