Cada nuevo curso comienza con una invitación: detenernos, levantar la mirada y redescubrir el sentido que orienta nuestro camino.
Por María Eugenia Aguado
Cuentan que un peregrino caminaba desde hacía días con la vista fija en el suelo. Iba atento a las piedras del camino, a los charcos, al polvo que levantaban sus sandalias. Así evitaba tropezar, pero también había dejado de ver el paisaje. Una mañana, al detenerse junto a una fuente, un anciano le dijo: “Haces bien en mirar dónde pisas, pero no olvides mirar hacia dónde vas”. El peregrino levantó entonces la mirada y descubrió, al fondo, la luz y la belleza de la ciudad a la que se dirigía.
Levantar la mirada para recuperar el horizonte
Algo parecido puede sucedernos al comenzar un nuevo curso. Las urgencias, las tareas, las dificultades comunitarias, la preocupación por el futuro, el cuidado de los hermanos y hermanas mayores, la organización de la misión o el peso de lo cotidiano pueden hacer que caminemos mirando solo al suelo. Es necesario atender lo concreto, claro que sí, pero también necesitamos recuperar perspectiva, renovar el sentido y enternecer el corazón.
Un programa para caminar con esperanza
Con este deseo surge el Programa 2026-2027 del Instituto Humanitate. Se trata de seguir creciendo, de revisar actitudes y modos de relación, de cuidar mejor la vida fraterna, de fortalecer la misión compartida, de afrontar con esperanza los retos actuales de la vida consagrada y también de organizar con mayor hondura el cuidado integral de los hermanos, hermanas y sacerdotes mayores.
Esperamos que los temas seleccionados nos ayuden a comprender lo que vivimos, a nombrar lo que necesitamos cuidar, a tomar decisiones más conscientes y a descubrir posibilidades allí donde a veces solo vemos cansancio o dificultad.
A las puertas de septiembre, os invitamos a conocer o releer el nuevo Programa del Instituto Humanitate y a iniciar juntos este curso con una mirada más amplia, más agradecida y más esperanzada.