Un testimonio de gratitud, fe y alegría compartida entre voluntarias y religiosas, donde cada tarde se convierte en un regalo eterno.
Inés, Almudena y Esperanza
Tres voluntarias del programa “Regalémonos Tardes” de la Fundación Summa Humanitate, dan su testimonio de lo que ha supuesto esta experiencia en la casa de las religiosas Hijas de María Auxiliadora (Salesianas) de Pozuelo de Alarcón (Madrid).
Un encuentro inesperado, un regalo inmenso
A veces un simple ratito está preñado de eternidad, la eternidad de las pequeñas cosas…
Esta es la experiencia que queríamos manifestar hoy. Caímos casi por casualidad por vuestra casa, un tanto alejada de Madrid. La Fundación nos sugirió pasar un pequeño espacio de tiempo con vosotras. Una muy buena programación de fondo, actividades, equipo muy majo…
Aceptamos “el reto”. Llevamos preparadas las sesiones, pero la vida nos sorprende cada martes por la tarde…Un día es un rosario improvisado, otro el fallecimiento de una hermana, otro compartir nuestras llamadas de Dios, otro preparamos la navidad en torno al niño Jesús….¡¡¡cada día una pequeña aventura!!!
Lecciones de vida, semillas de esperanza
Cada uno y todos los días que hemos compartido nos hemos quedado con ganas de más. Qué gran lección de vida nos dais, hermanas, desde la vuestra sencillez. La “normalidad” de vuestras vidas entregadas en mil tareas que van desde la costura a la misión en África o en América o la gestión de colegios o provincial o la noble tarea de la formación. ¡¡¡¡Qué lujazo, qué privilegio ser testigos de tantos síes que habitan vuestras existencias!!!!!
Decís que estáis mayores, pero será sólo por fuera, porque el peso de vuestras vidas se trasforma en esperanza. El futuro es hoy y es un hoy en el que pasado y presente se dan la mano y es hoy, al atardecer, cuando el Amor se manifiesta de forma plena y nos prepara para el Encuentro Final… ¡¡¡¡Qué buena nota vais a sacar en el examen!!!!!! Nosotras vamos con un 4 de esos raspaditos…esperemos la misericordia del Padre a ver si nos “pasa”, jajajá…!!!!
Queridas Sores, nos habéis dejado asomar a vuestra existencia ampliando el horizonte a las nuestras. Seguid rezando por nosotras, por nuestras hijas casaderas, y por tantas intenciones como traéis cada día a vuestra oración. Nosotras también lo hacemos por y con vosotras.
Realmente el nombre del programa está muy bien puesto. Sigamos “Regalándonos tardes”. Gracias, gracias, gracias,
Un fuerte abrazo.